MEAM | Museo Europeo de arte moderno.

Un nuevo concepto para el arte contemporaneo

En el mes de junio de 2011, el MEAM pudo finalmente abrir sus puertas, bajo el patrocinio de la “Fundació de les Arts i els Artistes”, fundación creada en 2005 para la promoción de los artistas figurativos. El MEAM se convertía así en la primera y más directa plasmación material de una trayectoria de trabajo y esfuerzo que la Fundación ha mantenido desde sus inicios. La inauguración del Museo no es el fin de ninguna etapa, sino que fue el inicio de una trayectoria que, en poco tiempo, ha llegado a tener influencia en amplios sectores del arte contemporáneo internacional.

La inauguración de puertas de este Museo ha supuesto un punto de inflexión en el nivel de penetración del arte figurativo en amplios sectores de la sociedad actual, y ha generado un cambio de perspectiva en muchos profesionales del arte, que empiezan a entender que el arte de nuestro siglo necesita ya de nuevos planteamientos y nuevas metas, muy desvinculados de cánones y tópicos heredados del siglo anterior.

Su fundador, José Manuel Infiesta, arquitecto y promotor inmobiliario, vio cómo en los años 2008-2009, todos sus proyectos profesionales se venían abajo en un profundo terremoto que ha dejado a arquitectos y constructores al borde del abismo. Lo cierto es que, en un momento dado, muy pocos apostaban por la supervivencia de una institución que había nacido con tales signos de debilidad y tan huérfana de apoyos institucionales o financieros.

Pero la Fundación ha encontrado una inesperada base de solidez y un amplio apoyo en determinados sectores de la sociedad: Es la fuerza de los propios artistas. Es el apoyo de miles y miles de autores que, año tras año, le han regalado con su reconocimiento y han hecho de la Fundación la plasmación real de la lucha de cada uno de ellos por conseguir un reconocimiento de la sociedad. Y es que la Fundación ya es, y será, lo que los artistas quieran que sea. Porque ellos son su única razón de ser. Ellos son la excusa que justifica su existencia. Y cuanta más cohesión y unidad exista entre ellos, más justificación tendrá la Fundación para seguir dando a conocer al mundo una obra colectiva que está decidida a no seguir estando marginada de las páginas de la historia del arte contemporáneo.

El MEAM se ha convertido en el templo de esa nueva religión, la religión de los que creen, en pleno siglo XXI, en una nueva expresión de la contemporaneidad en el arte. Un arte que ya no se conforma con la experimentación convertida en un fin en sí misma, ni con el permanente ensayo de formas y colores sin lograr producto definitivo alguno, ni con el culto al ruido por el ruido, ni con la fabricación de montajes cinematográficos condenados al aburrimiento. Y esa nueva expresión requiere, de nuevo, un arte directo, expreso, rotundo, absoluto, real, inteligible y genial, capaz de generar ilusiones y de despertar admiraciones en amplios sectores de la población que, de esta forma, volverán a hacer las paces con el arte de su tiempo y a soñar con ilusiones hoy por hoy totalmente olvidadas.

Y es que el arte ha de ser asimilable por parte del espectador, ha de ser capaz de hablar su lenguaje, de generarle ilusiones, de despertar admiración, de abrir la caja de los sueños. El arte ha de ir dirigido al hombre de la calle, no al erudito ni al especialista. El arte ha de hablar el lenguaje del pueblo, no el de los académicos.

El intelectual puede escribir interesantes ensayos sobre la esencia del arte, pero el artista no vive de esos ensayos. Los académicos pueden aplaudir a artistas ya consagrados, pero eso no va a garantizarles en absoluto poder sobrevivir a su tiempo. Lo único que da sentido al arte es su capacidad de conectar con la gente, de llegar a las personas de su mismo momento histórico, de llegar a la sensibilidad de un espectador medio y seducirle. Y lo cierto es que para ello no hacen falta títulos ni diplomas. Basta con saber crear.

La abstracción, y todos los ismos que nacieron y progresaron como un proceso de ruptura con el arte a lo largo del siglo XX, han acabado alimentando generaciones de artistas que ahora se sientan en las academias y los museos de arte contemporáneo, y que imponen sus cánones estéticos de forma absolutamente intransigente en todas las instituciones oficiales. La experimentación copa todas las ferias y manifestaciones del arte más actual, como si de su propio coto privado se tratara. Y aquel olor inicial de aire fresco, de ruptura, de novedad, casi de bohemia, que llevaban consigo las vanguardias de hace cien años, ha dado paso a un tremendo tufillo a rancio, a manido, a repetitivo, a formal y, en resumen, a aburrido. Porque, en verdad, resulta que al final no hay nada más aburrido que la reiterada repetición de lo que se dice es novedoso cuando ya ha perdido el encanto de la novedad.

El arte moderno que, hasta ahora, se creía con el derecho de apropiarse de forma exclusiva del calificativo de o contemporáneo, ha dejado de decir cosas interesantes, y se limita a mantener los intereses de un mercado que lo necesita para no derrumbarse. El mercado del arte contemporáneo es un monstruo que se retroalimenta, que mantiene a sus monstruos sagrados en urnas de formol, que vive de nombres que ha hecho artificialmente famosos pero que ya han perdido todo atractivo, y que sólo se mantendrá mientras tenga capacidad económica para mantener el “bluf” en las páginas de la crítica internacional.

Lo que el MEAM presenta, lo que el MEAM representa, es sencillamente otra forma, profundamente original y novedosa, de ver y sentir el arte de nuestros días. Y, al cabo de unos pocos años de andadura, la revolución que en el mundo de los creadores ha supuesto esta bocanada de aire fresco irá llegando poco a poco a todos los rincones, generando una nueva forma en concebir los derroteros del arte contemporáneo.

Es un retorno a los orígenes que se nos habían ocultado repetidamente. Es una recuperación del contenido de aquellos museos que se nos había prometido iban a destruir. Es el reconocimiento de unos valores que se han negado, y aún hoy se niegan, en universidades y escuelas. Es el valor de la calidad como algo importante, por encima de la simple novedad. Es la recuperación de la tradición, es el retorno al oficio, es la importancia del trabajo personal en soledad como fuente básica del hecho creativo, es el culto al genio (hasta ahora desacreditado), es el reconocimiento de las obras de los grandes maestros como una flecha que indica el camino a seguir. Es el retorno a virtudes como la perseverancia, la constancia, la creación personal, la tenacidad y el culto a la propia personalidad, frente a las terribles imposiciones del mercado, frente a las directrices de marchantes y críticos involucrados con el sistema. Es abandonar la demagogia para retornar a la intimidad del taller del artista, es el retorno al culto a la creación personal, es el place, el inmenso placer de hacer del propio ego la obra de arte suprema, a través de una profesión elaborada, meditada y largamente perseguida.

La colección Arte Contemporáneo Figurativo S. XXI, que forma uno de los fondos más apasionantes del arte de nuestros días en nuestro país, es un homenaje a todos esos artistas que nos han acompañado en esta larga andadura, que han trabajado con nosotros para que un cada vez más creciente público pueda disfrutar de su obra, y que siguen trabajando con la ilusión de llegar a crear una obra que les sobreviva, que supere nuestras pequeñas y breves vidas, y que finalmente sea admirada y reconocida por la mayoría de nuestros contemporáneos.

El MEAM no puede disimular su orgullo al ser la primera institución, con una sede física real, estable y permanente, que se atreve a presentar una gran colección de obras de arte de artistas vivos, que el público aprecia y aplaude. Y a la vez en el MEAM sentimos la frustración de no disponer de medios suficientes para incluir en esta muestra la obra de tantos otros artistas, igualmente exquisitos, que no han podido ser incluidos entre las paredes de nuestro museo. Esperamos poco a poco ir subsanando esta situación, logrando que cada vez lleguemos a más artistas y a más países, en esa corriente, que ahora ya resulta imparable, y que está cambiando los fundamentos mismos del arte contemporáneo.

Que el visitante que entre a conocer este espacio lleno de sensibilidad, aprenda a pasearse por sus salas, paladeando los numerosos y exquisitos rincones que alberga, paladeando la sensación de placer que pintura, escultura y música quieren proporcionarle, para dejar en él un recuerdo imborrable. Cada una de las obras expuestas en nuestras paredes está colocada para acompañarle en su estancia entre nosotros y para, después, cuando vuelva al mundo exterior, dejar en su ánimo un bello, íntimo y reconfortante recuerdo, la sensación de que otro mundo también es posible.

2017-12-11T17:10:52+00:00